viernes, 12 de septiembre de 2014

UN WASAP.

Vino mi hermana de visita a casa. Le acompañaba Leyre, mi sobrina, unos ojos que brillan como una perla en la oreja de una princesa etíope.

Cuando se marchó, Manuela le envió un wasap pidiéndole disculpas por estar tan "bajona". "Me da palo que me veas así".

Y  mi hermana le contestó:

"¿¿¿Que te da palo???. Coño, a mi me da palo molestarte. Verte así a mi no me importa nada. Cada vez tengo más claro  en la vida el cuerpo es una mierda. El tuyo, el mío...una mierda. Lo que importa es lo interior. Y ese, tú, Manuela mía...lo tienes de oro macizo.

Yo sólo quiero mirarte a los ojos: esos ojos lo dicen todo. ¡Tienen tanta vida tus ojos, mi Manuelilla!."

Y Manuela me reenvió el wasap- feliz!-  y yo lo subo al Pábilo para que se entere todo el mundo.

jueves, 11 de septiembre de 2014

EL GRAN ESPECTADOR.

«Se dice que Dios es invisible. Y alguien me lo ha planteado alguna vez como objeción; yo le pregunté si había estado en un escenario de teatro, y le expliqué que, desde la escena, no se suele ver nada del espacio ocupado por los espectadores. A pesar de hallarse allí cientos de espectadores, uno sólo percibe una especie de gran agujero negro, pero sabe que está actuando ante el público. 

Lo mismo sucede con el Señor. El gran Espectador está sentado en su palco, tú no sabes dónde, no puedes verlo. Pero sabes que está allí. "Entiende ante quién estás", dice la Torá. Asume tu responsabilidad de igual modo que el actor representa su papel». (Victor Frankl).

Y también, añado, asume que estás junto a otros actores.

Actuemos de tal manera que el Gran Espectador pase un buen rato viendo nuestra vida. Es seguro , eso lo sabemos, que nos observa con ojos de padre, que , quizás, a veces mire para otro lado, o exclame "¡joder qué tíos!".

En estas horas del pábilo que parpadea, intuyo que Él está muy atento, y conmovido.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL TIEMPO.

De Simon Leys me he leído casi todo.

Es majete, original, barullano.

Así termina el último de los ensayos que se recogen en La felicidad de los pececillos:
«No dejamos de asombrarnos del paso del tiempo: “Pero ¡cómo! ¡Si parece que era ayer cuando ese padre de familia era aún un chaval con pantalón corto!”. 


Lo cual viene a demostrar que el tiempo no es nuestro elemento natural. ¿Es posible imaginar a un pez que se asombre de que el agua moje? Es que nuestra verdadera patria es la eternidad; nosotros no somos más que visitantes de paso en el tiempo.
 

Eso no impide que sea en el tiempo en donde el hombre construya la catedral de Chartres, pinte el techo de la Capilla Sixtina o toque una cítara de siete cuerdas, lo que inspiró la fulgurante intuición de William Blake: “La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo”».

martes, 9 de septiembre de 2014

EL MUNDO NO EXISTIRÍA.


En la entrevista que mantuvimos con la doctora en el Carlos III , nos comentó que una característica de esta enfermedad era la fatiga: "es como si, además de llevar encima de ti tu propio peso, comprases en el mercado otros tantos kilos en mercancía  y los llevases arrastrando por la calle".

Manu se fatiga mucho, y su estado natural, es lógico, es estar postrada en el sofá de casa.

Allí pasa muchas horas en silencio.

No es fácil hablar con ella, ni tratar temas que no le apetece.

No es mujer de práctica religiosa, sin embargo, sí tiene fe, y, desde luego, obras.

No es asunto que me preocupe. Hay tantos caminos para llegar a Dios como hombres, y Dios tiene su camino para llegar a ella. 

En wasap sí que hemos escrito algo pero, ya digo, no me preocupa en absoluto: Dios no separará en el Cielo lo que tan unido estuvo en la Tierra.

"Te amo tanto - le dice a santa Catalina de Siena en una de sus locuciones- que salvaré todo lo que ames".

Lo de santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia por un sólo libro  es tremendo : "El diálogo", escrito en cinco días de éxtasis religioso.

 Hay gente que le preocupa mucho eso de la muerte y la salvación, y si cumples o no, y si estás en gracia, si te confiesas, si, si, si...

A mi Dios me ha llevado por donde ha querido, y sé que no es  como me lo han contado. Y mucho menos después de lo que he visto.

Dios vino al mundo a salvarnos. Y estamos salvados: cuando hayamos comprendido este hecho, comprenderemos mu­chas otras cosas pero, por encima de todo, de donde venimos. 

El cristianismo no concibió las virtudes cristianas como al­go suave, tímido y respetable. Algo de burgueses bien pensantes, y de curas, frailes y monjas que viven muy bien. Lo concibió como algo amplio, desa­fiante, escandaloso, y hasta destructivo, que despreciaba el yugo de esta vida, vivía en el desierto y buscaba su alimento en Dios. 

Mientras no hayamos com­prendido esto, nadie comprenderá realmente ni siquiera el por qué olía tan bien el perfume de nardo con el que una desgraciada refrescó los pies de Jesús: cada persona vale el amor que le posee. Y si Dios no  nos amase, el  mundo no existiría.

lunes, 8 de septiembre de 2014

SILENCIO

Acompañar esta enfermedad ha supuesto , al menos para mi, un cambio radical de hábitos y costumbres.

De repente, todo se sosiega. El tiempo pasa más lento acompañando un enfermo. Descubres que vivías una vida aturdida, repleta de ires y venires y sin sentido: currar, viajar, hablar, escuchar música, la radio...

Descubres que la cantidad de expe­riencias y su intensidad solo sirven  para atontarnos.
 
Vivir demasiadas experiencias no dice nada de nuestra cultura. Estos días anuncia el Corte Inglés viajes para  " mayores de 50" a destinos alucinantes a precios de risa, y pague cuando quiera. 

Aquí hasta el más tonto ha ido a Bali y se impregna de ese viaje lo mismo que una cuchara del sabor de una sopa.

Y  aquí viene David Bisbal de gratis a la plaza Mayor. Y se petará de gente para ver un tío de esos que salen en la tele; un producto, la verdad, bastante poco original. 
 
Ahora hay un clima de silencio en casa. Y descubres que estás hecho para la calidad , no para la cantidad.

La vida nos ha zarandeado,  nos ofrecía ho­rizontes utópicos, nos emborrachaba, y confundía...
 
Incluso  cualquier experiencia, aun la de apariencia más inocente, suele ser demasiado vertiginosa para el alma.

Necesito ese silencio. La conciencia es como un océano donde sólo puedes distinguir su flora y su fauna cuando el mar está en calma.

¿Rezo  cuando estoy envuelto en ese silencio?: no. Hace años que supe que no sabía rezar. Y sigo sin saber. Yo creo que son poquísimas las personas que rezan de verdad.

Es muy difícil. Y no me creo las oraciones de  banqueros, empresarios, ejecutivos, fanáticos de un deporte, o televidentes de ciertos programas. Y no me lo creo porque en su mar hay mucho ruido: ruido de cuentas de resultados, de hipotecas, de clasificaciones, de discusiones en un plató de...¡ruido!

Pero sé que de ese silencio, que lo busco incansable, vendrá la oración.

domingo, 7 de septiembre de 2014

UNA ANÉCDOTA.

Todas las muertes nos dejan en un estado: un hombre que pierde a su esposa es un viudo, un hijo que pierde a su padre es un huérfano, pero  los padres que pierden un hijo no tienen nombre.

No hay nombre para tanto dolor.

Y ese dolor es algo tan íntimo que es incomunicable, no sólo innombrable.

Siento una enorme compasión por esas personitas dolientes y sus padres. Y una admiración  inmensa, pues es un amor que se palpa: no encontrarás gente que entienda mejor la vida que los padres  que han sufrido la pérdida de un pequeño. ¿Qué tiene que perder quien ha perdido lo más importante?.

Recuerdo un viejo y buen amigo que perdió un hijo cuando el chaval tendría 7 años.

En las largas excursiones al Pirineo acostumbraba a llevar una flauta en la mochila. Y en las distintas paradas que hacíamos a descansar sacaba la flauta y tocaba pequeñas melodías, y  cada melodía significaba el nombre de sus hijos: si se llamaba Enrique, la melodía tenía tres notas, las notas de Enrique. Si el nombre era Sara, tocaba dos notas, distintas , personalizadas en  su hija.

Nunca olvidaba tocar la de Alberto, el hijo fallecido.

A veces, cuando la ascensión era más dura , sudando a chorros, era la melodía que le gustaba silbar con la flauta.

¿Por qué escribo esta entrada?, no lo sé. Me acordé de este buen amigo. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

CARLA.

Ayer por la tarde tuvimos la visita de Carla, la ahijada de  Manu.

Carla huela a nueva, a estreno,  a sala de cine antes de empezar  un peliculón, a  domingo, a pupilas abiertas, y manitas que tocan todo.

Carla  suena a risa, a campana tocando a fiesta, a manantial.

Carla no sabe que provoca la necesidad de necesitarle, y se deja querer. Ella es así.

Y  Manuela se toma muy en serio su papel de madrina, madrina buena, de las que dejan buenas propinas y besa,  acaricia, y ríe con ella.

Yo, que soy un cursi, les hago una fotomontaje, y las veo así.