De Manu, sin que ella lo advierta- cree que soy muy inteligente- he aprendido grandes lecciones. En realidad, todo lo que se puede aprender.
Manu no es una mujer de creencias mecánicas. No le interesa nada misas, rosarios, asistencias sin sentido a actos religiosos y, sin embargo, tiene una fe oculta de muchos quilates.
Guardé una cita que me pareció un hallazgo: «Los antiguos ateos se tomaban en serio a la religión y la
reconocían como una fuerza real, que cuesta algo y que exige
elecciones difíciles. Los nuevos sociólogos que hablan con tanta
facilidad de lo sagrado son como un hombre que tiene en el jardín de
su casa un viejo y desdentado león de circo a fin de experimentar
las emociones de la selva»
Me llegó muy dentro, pues así era yo: uno de tantos que tocan de oídas y desafinado sobre
temas que merecen, como mínimo, una actitud de respeto, porque se
intuye que estás ante algo sagrado, aunque no lo entiendas.
Esa es la actitud que tiene Manu ante la familia, el amor, el trabajo, la amistad: algo muy serio y real. Y que costaba esfuerzo. No cree en un dios que hace favores si te portas bien...porque ella siempre intentó hacer lo correcto.
La pérdida del sentimiento de lo sagrado es uno de los síntomas
más graves del empobrecimiento de la sociedad. Sagrado es algo que a
la vez me penetra y me sobrepasa, me nutre en lo más hondo, y al
mismo tiempo soy incapaz de agotarlo.
Sagrada es la belleza de una obra de arte, una mujer que nos
revela el misterio del amor y el sexo,una canción, una poesía
releída mil veces, un trabajo -algunos trabajos, sobre todo
artesanales, agrícolas- la maternidad...
Manu no sabe, ni le importa, de arte, o de cultura, pero intuye muy bien lo sagrado: siempre ante lo sagrado nos referimos a él desde la pasividad,
o desde la admiración: no podemos hacer nada, sólo contemplar.
Usamos palabras como “arrebatado”,
“cautivado”,”hechizado”, “ imantado”...¡un hallazgo!
En su enfermedad esta actitud moral se ha desarrollado de una manera maravillosa, en el silencio de su intimidad...¡un silencio ejemplar!
A veces, abre una rendija, y dice "¡os estoy fastidiando la vida!". Duele escuchar eso, porque no es verdad.
Junto a ella estoy aprendiendo a sentir ese sentimiento de lo sagrado.
Antes, cuando creía entender la vida, todo lo profanaba. Incluso
a Dios. Lo mismo que muchos de una obra de arte sólo admiraban el pastizal que cuesta,
de una mujer “lo buena que está” (o que deja de estar),y de Dios
una protección contra la muerte y contra el infierno, que era mi caso, una fe atormentada.
Hay muchos piadosos que están llenos de amuletos y que su fe está
a la altura de los brujos y de los hechizeros...aunque comulguen a
diario: tienen en el jardín de su casa un viejo y desdentado león
de circo a fin de experimentar las emociones de la selva.