Lo
tengo claro: el principio de que la
felicidad depende de nosotros.
Será más o menos fácil lograrlo, pero no olvidemos, está en
nuestras manos. ¿La felicidad se compra? Si así fuera, los «ricos»
serían dichosísimos y, la verdad, sólo hay que mirar alrededor
nuestro para ver que la felicidad, como la juventud, los años, la
inteligencia emocional, la alegría auténtica, la vida… no se
compra.
La felicidad
de Manu y la mía está a nuestro alcance, aunque a veces parezca
que nos encontramos en una larga fase de entrenamiento y superación
de dificultades. No sabemos en qué terminará esto, pero sí que si
persistimos y confiamos, podemos sentirla. Su risa, la sonrisa de esa
enferma que lucha de un modo maravilloso el día a día, sabe a
cielo. Es el amor.
Porque está
claro que no hay dos felicidades iguales, al igual que no hay dos
personas idénticas. Estos hechos explican claramente cómo
encontramos personas felices, inmensamente plenas, a pesar de vivir
en circunstancias adversas o pasar por momentos complicados.
¡Fuera
teorías simples y cursis!.
Es la hora
de coger los rifles y andar disparando a los pieles rojas que con sus
alaridos intentan acojonarnos para que nuestra caravana no alcance
las verdes praderas.