Esta madrugada salió “Encomiendo”
, el gato, escopetado de casa, como alma que lleva el diablo. Trepó
a un árbol, bajo de un salto, se fue zigzagueando por la acera,
requebró hasta un parterre, hurgó en una papelera y, por último se
ocultó entre las ruedas de un coche.
Yo creo que es que siente la Primavera.
Estará capado, pero intuye que la fiesta va a comenzar.
A mi me sucede lo mismo (¡no en lo
que se refiere a estar capado, oiga!) . Tengo ganas de hacer el
ganso...¡hala parriba, a la papelera, a las ruedas de los coches, a
trepar al árbol! , o a divagar sin fin ni objeto por las calles, al
caer la tarde.
Hace años sentía esos impulsos de una
manera irresistible. Escapaba de noche a dar vueltas, a la buena de
Dios.
De noche las cosas más vulgares,
tocadas por la luz de la luna, parecen flotar en la irrealidad y el
ensueño. Y si esas calles eran de la Tarragona cercana al puerto ,
la de las Ramblas , todo adquiría una belleza rabiosamente
sentimental. La luna todo lo embellece.
La noche en Lérida era muy distinta.
Porque, además de la luna, era frecuente que la poseyese una niebla
de una densidad grisácea, que dejaba un color anaranjado en la
sordina de sus farolas...
Las noches de Lérida fueron largas,
tibias, y pecadoras.
Pecados que estaban muy cerca de la
inocencia. Todo estaba proyectado por una imaginación que fantaseaba
llevada de la inmadurez.
Si alguien viese en una película esos
años míos, se echaría unas buenas risas.
Y las noches de Valladolid. Ese
Valladolid de calle Mantería, Catedral, la Antigua, San Pablo,
Plaza Mayor...con esa luz que tocaba tan solo la mitad de una
calle, una luminosidad suave. O cuando la luz de la luna toca las
partes altas de las casas, como si flotara. O esa luna de plaza
España donde un día le grité a Manuela, ella entraba en Mantería,
yo entraba en la calle Íscar, de punta a punta , un “¡te
quiero!” a pleno pulmón. Eran las cinco de la madrugada. Allí
resuena ese eco si pasas a esas horas. Estoy seguro.
La ciudad dormía. Cuando se vuelve con
ganas de más todavía. Cuando el silencio es tan grande que escuchas
tus propios pasos. Cuando no hay ni un resquicio de luz en las
ventanas. Cuando hay tanto misterio...maravilloso el misterio que
tienen las cosas calladas y secretas.
¡Y esta entrada en el Pábilo!
Pues sí, ¡en el Pábilo!
¡¡Hoy la luna te ha vuelto más poeta que nunca!! Ay, que romántico ese ¡te quiero! a pleno pulmón...
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