En principio, salvo
milagro que espero, te estoy acompañando a partir.
En este camino los
procesos se dan de una manera muy personal. Hay quien rechaza toda
ayuda, se rebela, se encapsula...otros , poco a poco, aceptan su
destino...en fin, cada persona es un mundo: el del que lo padece, y
el que lo acompaña.
La gran mayoría de las
veces es un proceso que se genera en paz, en calma y en un silencio
que debe ser el más sagrado posible.
Hay dos situaciones- sólo
dos- que nadie nos enseña en esta vida: nacer y morir.
Todo lo demás nos lo han
enseñado. Estás leyendo esta entrada porque alguien te enseñó a
leer, has desayunado porque alguien te enseñó a coger una
cucharilla y revolver el café con leche...¡todo nos lo han
enseñado!
Nadie nos dijo cómo iba a
ser nuestra entrada en la vida. No había alguien que nos aconsejó
“mira, tienes que hacer esto, o lo otro, dame la mano, se hace así,
no tengas miedo, la gente que hay allá fuera es de confianza”...
Y al nacer lo primero que
hicimos fue aspirar, y echar unos lloros...
Con la muerte
sucede lo mismo. Nadie nos va a decir lo que va a suceder, cómo
salir, o entrar, en otra dimensión. Nos acompañan...y lo último
que realizaremos será una exhalación: un ciclo maravilloso que se
termina y que muy pocas veces logramos entender.
¿Será lo último que
hagamos esa expiración?...no creo.